Mr. & Mrs. Uno

Si algo he aprendido de la vida es que en poco o nada se parece a lo que de pequeños pensamos que sería, que las expectativas son lo que nos hacen fracasar y en muchas ocasiones sentir una amarga frustración. Idealizar siempre fue un problema para mi, nunca fui partidario del Carpe Diem y que seguro me sentía de planificarlo todo… aunque al final nada de eso resultara tal y como se dibujaba en un pedazo de papel.

Karen y yo somos agua y aceite, aunque tengamos gustos en común y un ideal de vida parecido, su cabeza y su corazón trabaja a una revolución diferente a la mía. Como todos, tenemos manías que nos hacen gritar, discutir, maldecir, colgar el telefono, lanzar una que otra maldición, y para ser francos en más de una vez dudaba que algo de todo esto saliera de la manera que uno quiere que salgan las cosas, medianamente bien.

Ella quiere un gato adoptado y yo un perro de mil dólares, ella es todo alegría y risas y yo mantengo mi cuota de grinch dañamomentos, ella juega a que siempre será joven y yo mantengo con la cabeza pensando en que será del mañana, ella mantiene con la mente fuera de su cubículo y yo lleno la mía de recuerdos, toma el café negro con una de azúcar y yo con leche y tres de azúcar; en fin… a veces puedo llegar a detestarla como se detestaba al montador de la clase, pero en las noches es difícil conciliar el sueño sin estar a su lado.

Esta historia de vida comenzó como cuando se va a ver una película de la que no esperas nada y al final, cuando terminas de verla y te la pasaste enganchado las dos horas, sales agitado y emocionado de haber encontrado tu “nueva película favorita”, o libro, o canción… o lo que sea. Así como cuando me vi el primer capitulo de Game of Thrones y me dije, —¿Que mierda es esta?, otra serie llena de muertos vivientes malhechos. Y ya me ven, llevo 5 años ahí, pegado.

Así estamos, ella y yo, por que ninguno de los dos somos perfectos, ninguno en realidad esperaba llegar un día a casarse con alguien como nosotros, pero ya ven, lo hicimos, y la verdad es que esta relación me ha dado de todo menos aburrimiento, por que cada día con Karen es una aventura, de esas buenas, de las que quieres vivir pero no sabes si vas a tener el aliento necesario para aguantar. Aun no hemos tenido tardes de lluvia,  café y silencio. Algún día las habrá, pero ya hace rato que me enseñó que esta vida se vive un día a la vez.

Nos casamos en New York, como si fuera el reflejo de nuestra vida en pareja, un lugar donde llegamos por casualidad, que no escogimos, que no pensamos jamás para un evento así, pero la verdad es que planeado no hubiera salido mejor. —I’m hers and she’s mine, from this day until the end of my days. Así le dijo Robb a Jeyne, así después les hubieran cortado el cuello hasta desangrar.

El te amo está de más.

Matrimonios y bodas en Montreal

Bodas Montreal

Matrimonios en Montreal

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Bodas Montreal

Bodas y matrimonios en Montreal

Bodas y matrimonios en Montreal

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Bodas Montreal

Bodas y matrimonios en Montreal

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Lecturas de fin de semana

Parc de la Promenade Bellerive
Parc de la Promenade Bellerive 

Gracias a que ya no tengo un PS3 a la mano, estoy leyendo mucho. (Por cierto, que poca falta me hacen los videojuegos, siento que aprovecho más el tiempo.) De hecho estoy a punto de acabar la biografía de Steve Jobs, es realmente fascinante e inspiradora. Pronto me haré con otro libro, aún no decido cual pero trataré de que sea lo bastante amplio de páginas.

Pero a parte de libros he estado tratando de leer muchos blogs, personales la mayoría, de minimalismo, comida sana, budismo, ecología, Tiny house, etc, etc. La verdad es que a veces no cuento con mucho tiempo (o ganas) para leer de buena forma cada uno de los artículos que encuentro día a día; así que los guardo para leerlos más tranquilamente el fin de semana.

Esta es la lista de los cuatro posts más interesantes que encontré esta semana. Así que mientras simulo que me interesa su vida amorosa, me sentaré tranquilamente en el comedor de la casa de mi amigo y leeré.

Después de todo la vida es un viaje, no un destino.

Hace un par de días llegué a Montreal. La encontré como la dejé: fría, oscura y tímida. Aunque el verano oficialmente no acaba, siento que el mio ni siquiera ha comenzado. Después de pasar un buen tiempo en Colombia nuevamente regreso al lugar donde me he sentido más cómodo en los últimos años. Todo aquí es más sencillo. La vida en general es más simple, más pausada, con un ritmo melancólico que me fascina.

Después de haber hecho un viaje por Colombia, Ecuador y Perú con tan solo una mochila al hombro, regresar a la realidad no es fácil. Toma tiempo readaptarse, y aunque aún no encuentro un lugar estable donde ubicarme y estoy con cuatro camisas menos de las que me lleve de aquí, me siento verdaderamente en casa.

Durante este viaje mi vida salio de un letargo en el que había caído hacia mucho tiempo, suena a cliché lo que voy a decir pero pude darle sentido a mi vida, pude terminar de darle forma a esa personalidad desvanecida que tengo y confirmé mi más profundo miedo: no me gusta la plata.

Haber estado en esos tres países de un lado para otro, sin un plan, sin un norte que seguir, solo con el aliento de subirme a un bus para bajarme en otra ciudad distinta, un pueblo distinto, gente distinta, otra vez a puyar por que le rebajen a uno un par de dolares a la habitación, buscar el lugar más adecuado para comer y que no se le lleve a uno la mitad del presupuesto diario, me enseñó las mismas cosas que me decía mi mamá de chiquito pero que uno tiene que aprender a la mala porque “uno no aprende por experiencia ajena”.

Viajando por Ecuador
Cerca a la cima del Volcán Tungurahua – Ecuador

Antes de iniciar mi viaje, y de dejar toda aquella seguridad que tanto esfuerzo me costó tener en Canadá, tuve cierta incertidumbre, nunca llego a ser miedo, pero si me preguntaba que sería de mi en un par de meses, o dentro de un año; cómo me veía, cómo estaría. Después de haber pasado casi seis meses de un lugar a otro esas preguntas dejaron de taladrarme la mente, no volvieron, se fueron las desgraciadas; simplemente me dejé de preguntar cosas a las cuales no tengo respuesta alguna. Ahora solo me proyecto, me fijo un plan, cortico, metas sencillas y trato de cumplirlas poco a poco, siendo consciente de mis propias limitaciones.

Al fin aprendí que esta vida no es para correrla, sino para disfrutar el camino que hemos elegido caminar. Me demostré a mi mismo que llegar al final de algo no implica ser feliz, que muchas veces la felicidad estaba simplemente en disfrutar y tomarse el tiempo para que ese camino se haga una gran aventura. Aprendí a llevar mi vida paso a paso, poco a poco, sin prisa pero sin parar, piano piano! como dicen los italianos, y por sobre todas las cosas disfrutar cada uno de los instantes que la vida me ha regalado.